miércoles, 3 de septiembre de 2014

Estatuas vivientes


                                                
Este fin de semana, en Bayamo, Granma, Cuba, tuvo lugar un acontecimiento cultural impresionante, cuando alrededor de una docena de estatuas vivientes se apoderaron del Paseo de General García y captaron la atención de quienes iban y venían por la calle donde confluye la mayor parte de los centros comerciales, gastronómicos, turísticos y  de otros intereses, en el Centro Histórico Urbano de la ciudad.
Muchas personas, asombradas, se paraban delante de las estatuas y miraban incrédulos tratando de descifrar si eran esculturas o seres vivos, pues hacían  una representación fehaciente, permanecían largo tiempo sin pestañear ni moverse ante los expectantes escudriñadores, nada las delataba, tenían la piel y los atuendos pintados con acrílicos, en negro y rojizo con betas color oro, que da una tonalidad cercana al bronce antiguo, estupenda imitación.
Sin duda, la presencia de las efigies sacó a transeúntes  de la monotonía, y yo me recreé y animé para profundizar en el tema, esa forma de arte solo la había presenciado en La Habana, capital de la República de Cuba, y en películas españolas, francesas y argentinas, acto completamente novedoso.
En mi búsqueda supe que es un fenómeno de moda en muchas urbes del mundo, y que su existencia se remonta a una práctica de la Grecia Clásica,  donde utilizaban el disfraz de estatua para espiar al enemigo. Asimismo, se tiene constancia de que en el Antiguo Egipto también desarrollaron este arte.
Entendidos en la materia afirman que en los tiempos modernos quienes más lo han popularizado son los argentinos, tanto, que si viajamos por la tierra, dondequiera que esta corriente esté vigente allí habrá un argentino haciendo teatro del silencio.
Estuve aproximadamente dos horas observando la reacción de mis coterráneos, cuando alguien les regalaba una moneda a las estatuas vivientes ellas saludaban con una reverencia o cambiaban de posición con movimientos corporales que se me antojan robóticos, pero lentos y elegantes.
Acciones culturales como esta nutren el alma y el espíritu, y se agradecen, sobre todo porque el artista no mide su entrega, al amar lo que ejecuta, bajo un sol inclemente con temperaturas sobre 35 grados Celsius, tremendo sacrificio, sin embargo, impasibles y distinguidos nos mostraban su propuesta.
 

martes, 1 de abril de 2014

Desde el corazón


Recientemente en el semanario La Demajagua tuvimos una tarde sublime e irrepetible, en la que las risas inundaron rostros, las bromas pulularon y, sobre todo, constituyó un rotundo viaje a años precedentes porque restamos tiempo al calendario y volvimos a ser los pequeños que fuimos.
Armandito, Leonardito, Joseíto, Luisito, Anaisita, Gislanita, Elisita y Esperansita cumplieron años en enero, febrero y marzo, en este festejo colectivo ellos estaban muy felices, solo hay que mirar las imágenes.
Gorros, carteritas,  boticas, careticas, bastones, cake, pastelitos, caramelos, ensalada de pollo, crema de Vie y refresco hicieron las delicias de estos grandotes.
Zeide, Giselle, Alina, Eugenio, Luis Carlos y Yamiselis dejaron su impronta como reclamo pendiente por no celebrar sus onomásticos en octubre de 2013, mes de más  nacimientos en este centro, faltó solo Iliana que se recuperaba de una intervención quirúrgica.
El niño que llevamos dentro vibró y unió voluntades, jornadas como estas nos hacen mejores personas. Lo pequeño resulta grandioso cuando se hace desde el corazón.

martes, 11 de marzo de 2014

UNA AMIGA NUNCA SE VA



Dania parecía destinada al periodismo, vio la luz primera el 15 de marzo de 1961, un día después de fundado el periódico Patria, en 1892, por nuestro Apóstol José Martí, fecha, que justo al arribar a un siglo se instituye como Día de la prensa cubana.
Para que se cumpliera la profecía de su nacimiento tuvo que recorrer un camino no exento de lágrimas y decepciones; al concluir la Enseñanza Media Superior “quema sus naves” al elegir, exclusivamente, una opción: Periodismo. No  obtuvo la ansiada carrera y se negó a cursar otra porque “solo podía estudiar esa”.
A pesar de los imponderables continuó preparándose, y al amanecer de una alborada radiante, alguien, que confió en la pureza de sus palabras, la encaminó. Así llega Dania Casalí Ramírez al periódico La Demajagua,  en su  seno creció, fue a la Universidad a deshacer utopías y se consagró como reportera.
Y de verdad Dania llevaba su profesión a flor de piel, qué magnífica resultó, cuánta elegancia imponía a sus trabajos, salidos de su exquisita sensibilidad de poetisa. En  ocasiones me extendía sus originales y poco podía corregirles, nada estaba por mero gusto estético, todo tenía perfecto sentido y equilibrada intencionalidad, a veces la miraba y me decía, ¿cómo es posible que de esta muchacha brote tanto discernimiento?
Si se enfrascaba en una crítica y la replicaban hacía uso de su derecho a la contrarréplica, solía, con lenguaje audaz y mesurado, con elementos supersingulares, desarmar las preconcebidas justificaciones que esgrimen la mayoría de los criticados.
Mi amiga-hermana, quien también fue inmensa como ser humano, llegó a ser una prestigiosa periodista, a tal punto que Bartolomé Martí Pons, director por más de una década del entonces diario granmense, la designa como columnista, y que esa propuesta emanara de él, un circunspecto teniente coronel (r) de las FAR, no era obra de la improvisación, sino razonamiento bien pensado, consecuencia de su certeza sobre la capacidad de ella para afrontar esa responsabilidad.
Bartolomé, ya fallecido, con el respeto que aún le profeso, era el hombre más reflexivo de la tierra, también poseía  una calma exasperante, en corrección decíamos que calentaba las informaciones y que solo las “soltaba” cuando vislumbraba el porvenir, y él, dueño de una perspicacia tremenda, supo valorar a Dania.
 Apenas ella pudo redactar algunas columnas, un accidente del tránsito tronchó su fértil existencia, junto a David Chacón Rivas, otro valioso y también amado periodista.
A 23 años de aquel amargo suceso he podido escribir estas líneas, quienes me conocen saben que las tenía guardadas en lo infinito de mi corazón y que emergieron desgarrándomelo de puro dolor, y aunque recordar lacera, prefiero no olvidar. ¡Dania!, espérate, no te vayas, necesito hacer un alto… mis hojas están empapadas…