jueves, 14 de noviembre de 2013

MI EXÓTICA FLOR



A kenita

Nunca pensé que la Nymphaea caerulea, o mejor flor de loto, fuera venerada por multitudes  desde tiempos inmemoriales,  ni que la concibieron como símbolo de  la pureza pues a pesar de crecer en lugares pantanosos al emerger se eleva fluorescente, estilizada, fragante e impecable expandiendo su exquisito aroma al vaivén de las aguas en el cálido verano.
Tampoco sospechaba que solo en China se conocen más de 300 variedades en una gama que va desde el rosa intenso al blanco puro, pasando por   el  rosa carne hasta el amarillo; ni que sus anchas hojas proveen de sombra a los peces y reducen la aparición de algas. Asimismo la semejan con el corazón al atribuir que toda la creación lleva internamente algo comparable con la flor de loto desarrollándose.
La devoción de los hindúes por la flor de loto, al correr del tiempo, se fue extendiendo hacia otras culturas hasta convertirse en sustento de doctrinas religiosas como el  Budismo Loto Sutra. Para ellos representaba divinidad, fertilidad, riqueza, conocimiento e ilustración. Hoy constituye su símbolo nacional.
En la civilización egipcia aparece vinculada a la figura de Ra, dios del Sol, dado que la loto solo abre de día. De esta, cuenta la fábula, surgió Nefertum, dios de los perfumes, al proporcionarles agradables efluvios.
También alcanza gran connotación en la mitología griega, así lo recoge: una hermosa joven huyó asustada y se hundió en el lodo; durante siglos  lidió por salir del sitio destinado a los perdedores y logró brotar como hermosa flor de largos pétalos. Para ellos representaba el tiempo después de haber contendido incansablemente  en contra del fracaso.
Mientras, en el cristianismo el loto tiene su alternativa en el lirio blanco, y se lo dedican a la virgen María, reina de los cielos, quien sintetiza la fertilidad y la pureza. Tradicionalmente el Arcángel Gabriel lleva a María el lirio de la Anunciación.
Y en China, con la dinastía Sung, S.X-XIII, surge la costumbre de vender los pies de las niñas de cuatro a nueve años, “los pies de loto dorados”, denominados así porque el balanceo al caminar resulta similar al del loto mecido por el aire.
 Los pies chicos femeninos forman parte del erotismo chino, y no dudaron en someter a sus mujeres y condenarlas a usar vendas para impedir su crecimiento. El dolor  y el sufrimiento las acompañaba durante toda su vida, al punto que solo las retiraban cuando los lavaban y lo hacían como ritual para que los dioses mitigaran sus penas.
Para el budismo personifica la fuerza y la percepción intrínseca de todos los seres humanos. Esta flor nace del lodo y, sin embargo, crece hacia arriba. Similarmente quienes permanecen atascados en la oscuridad de la ignorancia despliegan las verdaderas cualidades de sapiencia y compasión cuando trascienden sus deseos y enojos.
 Y heme aquí, explotando las posibilidades digitales, yendo y viniendo entre civilizaciones milenarias, en la búsqueda de  el porqué de mi preferencia por esta flor, y no me equivoqué…
Recientemente mi hija me obsequió una, tiene  pétalos  lanceolados y cóncavos, dispuestos en forma de rayos y contiguos entre sí, ordenados en varios niveles, de tal modo que los superiores cubren los espacios intermedios de los que están por debajo, imitación perfecta de la naturaleza que mucho agradezco.
Mi flor es morada y se degrada hacia el blanco, no es divina porque pertenece a mi mundo, nada que ver con lo narrado, pero estará ahí para mí, quizás hasta cuando pasen todas las estaciones que restan de mi existencia.
No sé si mi fantasía supera la ficción, pero juraría que a la flor de loto la he contemplado tal cual es, floreciendo al salir de la superficie del agua en un jardín chino desde un puente de madera sobre una laguna, allí me ha seducido su dulce esencia y me he sentido renovada… comoquiera, quién sabe, estaría soñando, o a lo mejor  sucedió en una encarnación anterior u ocurrirá, lógicamente, en otra dimensión.

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